La experiencia de Venezuela es, al parecer, el modelo tomado por los pescadores artesanales para eliminar de raíz la pesca de arrastre industrial en Chile.
La propia Confederación Nacional de Pescadores Artesanales de Chile (Conapach), que reúne a los "lancheros", trajo a Chile al encuentro latinoamericano de pescadores artesanales -desarrollado en Punta de Tralca entre el 4 y el 8 de agosto- a dos venezolanos para escuchar, de primera fuente, la política implementada por el Presidente Hugo Chávez: un investigador de la Universidad de Oriente y Juan Manuel Rodríguez, presidente de la Federación Bolivariana de Asociaciones y Cooperativas de Pescadores Artesanales del estado Nueva Esparta, uno de los principales enemigos de los industriales venezolanos.
Pero no ha sido lo único. En la campaña de difusión de los artesanales organizados para sensibilizar masivamente a sus miembros en la idea de eliminar el arrastre citan la "política clara, orientada hacia la seguridad alimentaria", que fue lo que "llevó a Hugo Chávez a cumplir su compromiso (...) y quedó prohibido el desarrollo de la pesca de arrastre industrial" en ese país.
Como acostumbra, el Presidente venezolano no se anduvo con chicas, y en un programa de televisión, luego de promulgar la prohibición de la pesca industrial en su país, declaró que "la pesca de arrastre destroza el mar, destroza las especies marinas, favorece a una minoría. Ése es el capitalismo depredador".
Cosme Caracciolo, secretario general de la Conapach, acusa una suerte de complot en contra de los artesanales, desmintiendo la vinculación con los venezolanos: "sí, ellos vinieron a nuestro encuentro, pero ni hablaron. No ha habido ninguna asesoría de parte de Venezuela a nuestra asociación. Se nos quiere vincular con el gobierno de Chávez para desprestigiar nuestra negativa al arte del arrastre".
Caracciolo explica que efectivamente en sus demandas han recogido experiencias del país caribeño, pero junto a otras de zonas protegidas de Estados Unidos y Noruega.
"Lo que planteamos -dice- no es la desaparición de la industria misma, sino que ésta explote con técnicas selectivas, como los artesanales".
No hay que investigar
Y es esta cruzada la que encontró eco en el Parlamento: A toda máquina, el diputado PPD René Alinco se prepara para la discusión, en diciembre, de su proyecto de ley estrella que busca prohibir la pesca de arrastre dentro de las 200 millas del territorio marítimo nacional.
El proyecto, eso sí, no se basa en asuntos empíricos, ya que describe que "para entender el daño que produce la pesca de arrastre no hace falta recurrir a grandes ni complejos estudios científicos. Según antecedentes históricos entregados por la FAO, ya en el año 1376 los pescadores del estuario del Támesis pidieron al rey Eduardo III de Inglaterra que prohibiera las primitivas redes de arrastre".
Con este proyecto -dijo el diputado Alinco a "El Mercurio- "no buscamos perjudicar, sino favorecer a la economía nacional, pues el objetivo de la ley es proteger el recurso pesquero. Y para ello, en su redacción, se ha contado con la participación activa de dirigentes sindicales pesqueros, desde San Antonio hasta Aisén, y tenemos el apoyo de organizaciones de artesanales".
Un argumento de Alinco es la merma que sufre la merluza, lo que ha encendido los ánimos de los artesanales, quienes piden la eliminación del arrastre y que las pesquerías de merluza común y merluza austral sean 100% artesanales para 2010.
Entre otros tópicos, los pescadores demandan que se evalúen y eviten los impactos negativos de los tratados de libre comercio en la pesca artesanal y que -en un formato de juez y parte- el Estado, con la participación de los pescadores artesanales, realicen la evaluación de los impactos que provoca la utilización de la pesca de arrastre en las poblaciones de recursos hidrobiológicos.
Alinco fundamenta su propuesta sosteniendo que la Subsecretaría de Pesca ha favorecido a los industriales a través del abuso de la "pesca de investigación" en territorios exclusivos de pescadores artesanales, "donde han recogido desde 500 hasta 3 mil toneladas de merluza en épocas de desove".
Además, asegura que la Subsecretaría del ramo no tiene los medios para investigar y chequear si efectivamente los pescadores industriales están extrayendo del mar la cuota asignada, o incluso más.
La arremetida de los industriales
Los pescadores industriales también acusan que a los artesanales se les ha permitido realizar "pesca de investigación" en épocas de desove. Incluso ha sido posible encontrar en los mercados de Concepción merluza con sus huevos en venta al público.
Pero el gran argumento de los industriales es que la cuasi desaparición de la merluza se debería a la sobrepoblación de jibia, cuya dieta se compone en un 47% de merluza.
Héctor Bacigalupo, gerente general de la Sociedad Nacional de la Pesca (Sonapesca), explica que, según estudios "conservadores" de la Universidad de Concepción, la jibia está depredando 230 mil toneladas de merluza al año, "lo que es revelador -dice Bacigalupo-, pues la cuota de la pesca artesanal es de 115 mil toneladas al año, e igual número para la pesca industrial".
El gerente general de Sonapesca, además, recalca que los pescadores artesanales han embestido sus argumentos contra lo destructivo de las redes de arrastre. Sobre el punto, dice que las técnicas actuales utilizadas por la industria local son incluso más vanguardistas que las que se utilizan en Europa. En síntesis, porque "en Chile está extendido el uso de mallas cuadradas, las que, según la ONG ambientalista WWF, incrementan en un 50% la selección de ejemplares más grandes de las especies objetivo", reduciendo el descarte y la pesca de peces muy jóvenes.
"En la redacción del proyecto han participado dirigentes sindicales pesqueros, desde San Antonio hasta Aisén".
René Alinco
Diputado PPD
"Se nos quiere vincular con el gobierno de Hugo Chávez para desprestigiar nuestra negativa al arte del arrastre".
Cosme Caracciolo
Secretario general de la Conapach
"La cuota de la pesca artesanal es de 115 mil toneladas al año, igual número que para la pesca industrial".
Héctor Bacigalupo
Gerente general de Sonapesca
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